El 28 de mayo de 1785 el rey Carlos III sanciona el Real Decreto que regula las banderas para las Marinas de Guerra y Mercante de España.
Aduciendo razones prácticas, Carlos III ordena que los pabellones de los buques de guerra sean de tres listas horizontales «de las cuales la alta y la baja sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total, y la de en medio, amarilla, colocándose en ésta el Escudo de mis Reales Armas, reducido a los dos carteles de Castilla y León, con la Corona Real encima». Para la bandera mercante o pabellón civil decide emplear «los mismo colores, debiendo ser la lista de en medio amarilla y del ancho de la tercera parte de la bandera, y cada una de las partes dividida en dos partes iguales encarnada y amarilla alternativamente».
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